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La Gastronomía gala

¡A lo largo de las aventuras, un calidoscopio de sabores!

Ya en el primer álbum, "Astérix el Galo", vemos las preferencias culinarias de nuestros héroes: descubrimos a un Obélix cuya glotonería no tardará en hacerse legendaria y que no sabrá resistirse a un jabalí asado, plato básico en la alimentación de la aldea. Además del jabalí, en "La hoz de oro" aparecen también el aceite de Grecia y un biftec de primera calidad, en contextos a veces alejados de la degustación gastronómica... En una alimentación equilibrada no puede faltar la fruta: en "Astérix gladiador", Abraracúrcix, como buen jefe galo, da ejemplo recogiendo manzanas desde lo alto de su escudo, ayudado por sus portadores. En el mismo libro, Astérix y Obélix aprovechan un viaje a Roma para degustar allí… ¡unos jabalís en un albergue galo!
Después de estas premisas, en "La vuelta a la Galia de Astérix" nuestros héroes empiezan a sentir una gran curiosidad por la comida "exótica", lo que marca el punto de partida de nuestro gran viaje gastronómico: tonterias de Camaracum, vino de Durucortorum, vaca en la autopista del sur, ensalada de Nicae, ciruelas pasas en Aginum, ostras en Burdigala, etc. Sin olvidar la compra de jamón de Lutecia, en una charcutería que será el lugar de encuentro con Ideafix.

En "Astérix y Cleopatra", el vil Paletabis pone en peligro la reputación de la gastronomía gala ofreciendo a Cleopatra, en nombre de nuestros héroes, un pastel envenenado ¡que pondrá la mosca detrás de la oreja a la reina, preocupada por el estado de su catador oficial! Hará falta toda la ciencia de Panorámix para salvar a los galos de este mal paso.
En revancha, en "El combate de los jefes" solamente se consume poción (más o menos) mágica. Durante ese tiempo, el pobre Obélix, siempre privado de la poción mágica, como todos sabemos, alimenta un montón de complejos en relación a su peso después de una consulta con el druida Amnesix.
Afortunadamente, bien está lo que bien acaba, y el más famoso glotón, en el tradicional banquete final, lanza un grito a favor del jabalí que realmente le sale del alma. En "Astérix en Bretaña", Obélix roza la neurastenia cuando le sirven mermelada con los asados y jabalí hervido con salsa de menta. Más tarde, el encuentro con los feroces y "románticos" normandos será la ocasión perfecta para descubrir la receta del jabalí con nata.

La alimentación, muy... espartana es el símbolo del poder del ejército del César en "Astérix legionario". Sin embargo, los contundentes argumentos de Obélix convencen enseguida al cocinero del cuartel para servir raciones un poco más generosas…
En la época de Astérix ya existían las curas en los balnearios, que entonces se llamaban Aquae Calidae, ¡tal como demuestra el libro "El escudo Arverno"!. El pobre Abraracúrcix, que sufre un "cólico de hígado" después de un empacho de carne, se ve sometido a un régimen estricto a base de verdura hervida. La prueba se hace todavía más dura porque Astérix y Obélix, que le acompañan, no se privan de nada, dejando al borde de un ataque de nervios a los hambrientos agüistas , y aprovechando incluso para hacer una pequeña visita gastronómica a Gergovia: degustación de un guiso a base de col y longaniza de postre… Decididamente, la dieta gala es una fuente de conflictos… ¡con aquellos que no pueden disfrutarla! Asimismo, en "Astérix en los Juegos Olímpicos", la dietética gala, poco compatible con los entrenamientos de los otros participantes, siembra la cizaña entre los atletas de la villa olímpica. De paso, nos enteramos de que a Obélix le gusta la sopa de champiñones...

"¡Fresquito, fresquito el pescadito!" Así empieza "Astérix en Hispania", en el que a Sopalajo de Arriérez y Torrezno, el joven héroe de la historia, ¡no le gustan los jabalís! Aquí el pescado inaugura su larga carrera de proyectil y catalizador de trifulcas generales de todo tipo. También vemos a los romanos, descansando en su tienda, disfrutando de copas llenas de frutas que no acostumbran a verse en la aldea gala. Cabra, jamón, oso y pollo Vascón forman el menú del albergue de la montaña, mientras que en Andalucía, curiosamente, nuestros héroes son invitados a comer salchichas, coles y tocino.
Nada más que jabalís y algunos cochinillos en "La cizaña". Pero el jabalí no es patrimonio de los galos, ya que los romanos lo consumen también en forma de tripas fritas en grasa de uro al principio de "Astérix en Helvecia", en unas orgías memorables, en cuyos menús encontramos desde morcilla de oso hasta cuellos de jirafa rellenos… ¡con miel! En cuanto a los Helvecios, ellos consumen fundamentalmente queso fundido...

La aventura de "Los laureles del César" empieza alrededor de una mesa en Lutecia, donde descubrimos las colas de castor con salsa de frambuesa y la pezuña de buey con nata. Más tarde, el "talento" de cocineros de Astérix y Obélix hará disfrutar a la familia romana Cualquierus con platos explosivos a base de jabón de Marsella, pepitas de granada…
Y el adivino Prólix simula leer el futuro en el pescado, las gallinas, los jabalís y, la verdad sea dicha, en todo lo que los más inocentes le den para satisfacer un hambre finalmente muy prosaica. ¡Incluso leería a Ideafix si Obélix no se lo hubiera impedido firmemente!

In Asterix in Corsica, the aroma of cheese makes Boneywasawarriorwawayix homesick, as he is held prisoner of the Romans, far from his Corsican homeland. For the pirates, cheese turns out to be explosive. Corsican sausage also makes a showing and boars are of course a part of the melée...

El regalo del César empieza con una borrachera, pero no incluye ninguna receta original.
En "La gran travesía", la comida empieza sufriendo una triste suerte, ya que el pescado de Ordenalfabétix vuelve a servir de proyectil ofensivo, pero alcanza inmediatamente un papel más relevante en la historia. En primer lugar, para ayudarles a sobrevivir en alta mar, y, luego, con el descubrimiento que hace Obélix de un continente desconocido situado al otro lado del Océano: pavos, osos, nada va a escapar a su apetito, ¡excepto cuando los indígenas le proponen comer "guauguau"! Y el regreso con los vikingos proporcionará una nueva ocasión para una comilona.

En "Astérix en Bélgica" descubrimos a grandes glotones, de la talla de Obélix ("¿Quién ha dicho gordo?"). La gastronomía local está formada por lengua y embutidos de jabalí a voluntad, desde el desayuno hasta la cena (o, como dirían nuestros amigos belgas, del almuerzo a la cena, porque hablan de almuerzo por la mañana). Glotonería obliga, aprovechan la visita para inventar las patatas fritas y descubrir que combinan muy bien con los mejillones...

En "Astérix en la India", el jabalí cede su puesto al caviar y al camello asado.
En "El mal trago de Obélix", vemos que éste sufre porque no encuentra jabalís a su gusto, pese a los esfuerzos de un cocinero romano, y nos enteramos de que al león de Cleopatra le gustaría devorar grandes cantidades de salchichón de almirante...



Finalmente, en "Astérix y Latraviata", Obelixirrín descubre, con el apoyo de su madre, las virtudes de una buena sopa, comida sana y equilibrada, según Gelatina. Mientras, Obelodálix, su padre, debe conformarse en prisión con pan y agua mientras sueña, como dice él mismo, con una comilona en un barril de cerveza. Afortunadamente, el banquete final repleto de jabalís asados hace que todo el mundo se reconcilie con el buen comer… excepto, probablemente, Gelatina, ¡enemiga acérrima de la comida grasa!



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